Hay días en los que a una le apetece pasear por Madrid. Y es emocionante cuando esos días, Madrid te regala una sonrisa y te deja disfrutar de ella. (Por que sinceramente, hay veces que es cabezota y no hace más que ponerte la zancadilla).
Hoy ha tenido un buen día. Una buena tarde, más bien.
He paseado por El Museo del Prado. Lugar para saciar mi alma, cuando lo necesita. Y ha estado bien. Ha habido un reencuentro con un viejo amigo, al que de verdad deseaba ver. A quien me ha hecho bien ver.
La exposición de Francis Bacon, sin embargo. Me ha hecho pensar. Era un hombre triste, como la de cualquier artista. Pero en él, lo he notado más que en otros. Se rodeaba de fotos, recortes y recuerdos. Y luego lo plasmaba desde su punto de vista.
Hasta el amor de su vida fue curioso. Una noche, un ladrón entró en su casa. Francis, que era gay, le dijo que si le dejaba hacer el amor con él, no llamaría a la policía. Lo hicieron, y se convirtió así en el amor de su vida. Hasta que un buen día, su pareja se suicidó.Francis, entonces, dio un gran vuelco a su pintura.
Es increible la historia de los grandes artistas. A veces da miedo: ¿hay que tener una vida "complicada" para crear?...a veces pienso que si. Mis mejores obras han salido de mi mente cuando peor estaba por dentro.
Francis Bacon. Una historia triste. Una pintura increíblemente sobrecogedora.
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